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dissabte, 7 de març del 2020

APETITO POR LO VISUAL

Raphael Samuel


MIRAR, Y VOLVER A MIRAR, EL MUNDO...
Una de las características del "grupo de investigación en museología, ecocrítica y comunes" es que su pensamiento se desarrolla con la acción y con la transformación de la percepción. Como decía el escritor Camus, "Pensar es aprender a ver las cosas de nuevo y poner atención" (citado en Amador Fernández-Savater, 2019).

Sin duda, desde sus inicios, el grupo ha tratado de reconocer y estimular lo que el historiador Raphael Samuel llamaba el "apetito por lo visual" (Teatros de la memoria, 1994). 

Scopofilia, el apetito por lo visual
El "apetito por lo visual" se refiere a esa capacidad de la gente por mirar, registrar y volver a mirar, de forma creativa, el mundo que nos rodea. De alguna forma y acorde a esta idea, el grupo incide en una idea que, no por conocida, a veces se nos olvida: y es que las personas vivimos en el fondo de un océano atmosférico.
"Allá abajo en el cielo" está la tierra. Estamos nosotros. Se trata de un mensaje que puede convertirse en profundamente perturbador y evocador al mismo tiempo, porque nos hace caer en cuenta que, "allá arriba" o "allá abajo", el nuestro es solo un planeta "vestido de nubes y tempestades, que va pasando del día a la noche, donde se encienden y se apagan el cielo, las ciudades y los continentes", William Ospina.
#Maria NOAA GOES 13 0845UTC 
Desde este punto de vista, el grupo de investigación en museología, ecocrítica y comunes busca hacernos pensar que, como escribió William Ospina, "allá abajo en el cielo" está la tierra. Estamos nosotros. Se trata de un mensaje que puede convertirse en profundamente perturbador y evocador al mismo tiempo, porque nos hace caer en cuenta que, "allá arriba" o "allá abajo", el nuestro es solo un planeta "vestido de nubes y tempestades, que va pasando del día a la noche, donde se encienden y se apagan el cielo, las ciudades y los continentes..." (Ospina, 2014).

Más que un dato científico...
Indirectamente, las imágenes y metáforas que cultiva el grupo de investigación buscan hacernos ver y pensar que la tierra es algo más que un dato científico o un mapa. La tierra es nuestra única morada posible, nuestro hogar. Mirar el mundo desde esta perspectiva geográfica, y también museológica, nos puede hacer pensar que la Tierra y el mundo entero que nos rodea siguen siendo algo desconocido.

Pero precisamente porque el mundo sigue siendo algo desconocido, toman más fuerza, como dijo el geógrafo Peter Gould, la pasión y motivación intelectual -que debería caracterizar siempre la investigación- por la condición humana y medioambiental en nuestro presente.

dissabte, 2 de novembre del 2019

SOBRE UNA ACCIÓN

100 AÑOS DE ACCIÓN PÚBLICA DE INCONSTITUCIONALIDAD


Esta exposición conmemoraba los 100 años de vigencia ininterrumpida en el ordenamiento jurídico colombiano de la Acción Pública de Inconstitucionalidad y destacaba la gestión de un grupo de políticos, juristas y hombres de negocios integrantes de un partido político: La Unión Republicana. Sus ilustres personajes buscaron, a principios del siglo XX, promover la concertación, la búsqueda de la paz, el equilibrio de los poderes públicos, el buen gobierno y la civilidad; con la intención de arraigar nuevos hábitos y reglas en el quehacer político nacional.
Esta exposición es especialmente significativa en un aniversario como el de la Acción Pública, la cual brinda a los ciudadanos la posibilidad para demandar una ley, un decreto o un acto gubernamental por inexequibilidad”, Moisés Wasserman, Rector de la Universidad Nacional de Colombia.

En 1910, tras un siglo de establecimiento de la República y de nueve guerras civiles nacionales (1831, 1840, 1851, 1853, 1860, 1876, 1885, 1895 y 1899), se considera importante introducir ciertos arreglos institucionales en aras de matizar el régimen presidencial y su preeminencia frente a las otras ramas del poder público. Así nacía la Acción Pública como herramienta jurídica de fuerte cuño republicano que empodera al ciudadano en el control y vigilancia de la Constitución y el orden democrático.

En veinte años de vigencia de la Corte Constitucional, más de 8.500 ciudadanos habían invocado, mediante la Acción Pública de Inconstitucionalidad, la protección de la Constitución, y el alto Tribunal había expedido un promedio de 264 Sentencias cada año, lo que evidencia su fortaleza y presencia en la cultura jurídico-política colombiana.

Fotografía: Felipe Casteaño, UN
PALABRAS DEL DOCTOR MOISÉS WASSERMAN, RECTOR DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA, EN LA INAUGURACIÓN DE LA EXPOSICIÓN
Febrero 17 de 2011

"Hoy hemos sido convocados por la Facultad de Derecho, Ciencias políticas y Sociales de nuestra Universidad Nacional de Colombia, en colaboración con el Sistema de Patrimonios y Museos para dar apertura a la exposición museográfica “100 años de Acción Pública de Inconstitucionalidad. Y los orígenes del control concentrado”. 

Esta exposición se inaugura en el contexto del Congreso Internacional del mismo nombre que ha tenido como propósito fundamental destacar una herramienta jurídica cuyo largo recorrido en la historia nacional -100 años, pone en evidencia su fortaleza. Nos referimos a la acción pública de inconstitucionalidad. 

Con esta doble mirada, por un lado, la del debate académico derivado de la investigación institucional, y por otro, el lenguaje visual, como ícono cultural, la Facultad de Derecho ha asumido el reto de traspasar los auditorios, transformando la investigación científica y el conocimiento de alto nivel, en un producto al servicio de la sociedad y la cultura. 

Desde luego, ese esfuerzo no hubiera sido posible sin que el Sistema de Patrimonios y Museos pusiera toda su estructura organizativa y experiencia calificada en el propósito de representar, a través de distintas manifestaciones una institución, que ha estado presente en la cultura jurídica nacional y que esta exposición hace posible interpretar. Lo anterior plantea un verdadero desafío para la museología que careciendo de una obra central o una pieza artística busca exhibir movimientos sociales, contornos históricos, ideas e instrumentos jurídicos. 

Esta conjunción de esfuerzos tuvo un efecto multiplicador en otras instituciones que se unieron, en el propósito de rendirle tributo a la Acción Pública. De esta manera, la Corte Constitucional, la Academia Colombiana de Jurisprudencia, el Archivo de Bogotá, la Universidad de Antioquia y múltiples coleccionistas particulares colaboraron activamente para que este proyecto fuera posible, descubriendo en este quehacer elementos fundamentales de la larga tradición jurídica colombiana que todas las instituciones han ayudado a crear y desarrollar conformando un patrimonio cultural y un legado que, desde ahora, pertenece a los colombianos. 

Con el trabajo mancomunado de la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y sociales, y el Sistema de Patrimonios y Museos, la Universidad Nacional de Colombia demuestra su capacidad para generar formas de conocimiento que de manera concertada y dialógica integren grupos sociales y públicos diversos, justamente en concordancia con el espíritu participativo y deliberativo que fundamenta la Acción Pública de inconstitucionalidad. 

La exposición recoge la memoria del lugar que han ocupado insignes miembros de nuestra institución, profesores y estudiantes en la historia política y jurídica nacional y explica cómo un proceso judicial, con una sólida tradición, ha influido en la construcción de estado y nación y en la consolidación de la democracia. Bienvenidos a este evento significativo en la búsqueda de identidades y expresión de propósitos de trabajo colectivo". 

[en desarrollo...]

diumenge, 6 d’octubre del 2019

BRECHA CULTURAL

Las desigualdades en una sociedad no son solo económicas. 

En este sentido, por “brecha cultural” puede entenderse como la distancia que existe en el acceso, uso, apropiación y participación cultural tanto a nivel geográfico como a nivel socio-económico dentro de una sociedad. 

Las brechas culturales también pueden concebirse como las fronteras o líneas -reales o -imaginarias- que dividen unas culturas de otras.

(en desarrollo...)

dissabte, 28 de setembre del 2019

PROXIMIDAD MUSEAL

Guillermo Torres y Sandra Ardila en el montaje de "Hormigas"




Mayor proximidad y nuevos usos sociales para hacer más accesibles los museos de la Universidad Nacional (2009)

Desde su aprobación en septiembre 2007 por el Consejo de Sede Bogotá como proyecto de inversión, el Sistema de Patrimonio y Museos (SPM) se desarrolló y adaptó con base a la labor que implementan los museos de la Universidad Nacional de Colombia y, también, con base a las demandas y expectativas de la gente.

Cultura científica, memoria histórica y consciencia ambiental se constituyeron finalmente como los tres ejes de acción que orientan la diversa programación que el SPM presentó regularmente en el Claustro de San Agustín a partir del rico, y cada vez menos desconocido, patrimonio cultural de la UN.

Después de 20 meses de ejecución, el Sistema de Patrimonio y Museos se plantea en el tramo final del 2009 como objetivos aumentar tanto la accesibilidad de las colecciones museográficas como también tratar de mejorar la prestación y diversidad de la actual oferta de servicios que presta para los museos universitarios y la misma sociedad, tanto a nivel cuantitativo como cualitativo. Con ello, el SPM espera consolidar un sistema territorial de gestión, investigación y difusión del patrimonio cultural de la Universidad Nacional de Colombia.

Para llevar a cabo esta voluntad programática, en el 2009 se diseñaron un conjunto de acciones que, a partir de la estructura técnica del SPM, tratan de poner al alcance de los museos y ciudadanos una serie de servicios de soporte para la gestión, conservación y comunicación del patrimonio cultural existente en la UN. Esta consolidación del SPM en un centro de servicios es una prioridad que es necesario desarrollar tanto en la forma como en los contenidos por lo que se refiere a su funcionamiento y a los servicios que ofrece.

Como centro de asistencia a los museos universitarios [1], el SPM preveía, entre otras acciones, la implementación de un servicio de información y documentación de los museos a través del mismo Administrador de Contenidos Web (CMS); la adquisición de Museumplus, un software específico de gestión de colecciones museográficas; la consolidación de un servicio de servicio de restauración de bienes culturales; la formalización de sistema centralizado de infraestructura, equipamientos y dispositivos museográficos; la asesoría en la redacción de proyectos museológicos (como el Centro de Historia Natural o el de gestión integral para la sede histórica del OAN; la continuación de la definición concertada de proyectos museográficos con diversas unidades académicas de la Universidad; el desarrollo de un programa territorial de itinerancia y montaje de exposiciones; la continuación de un programa editorial para fortalecer el componente investigativo y de conocimiento de los museos universitarios, etcétera.

Montaje del SPM en el Jardín Botánico S. Andrés. 2011
El panorama del SPM era positivo, pero tenía algunos puntos débiles. Los más conocidos eran de carácter material, como la falta de recursos y equipos que también padecen la mayoría de docentes, estudiantes y profesionales que operan en los museos y colecciones museográficas de la UN. Debilidades que vienen de lejos, como la misma desconexión entre los museos, la falta de espacios y las mismas dificultades que a veces existen para poder compartir información y desarrollar proyectos en colaboración.

A pesar de ello, posiblemente el principal aporte del SPM para los museos y colecciones museográficas de la Universidad Nacional fue introducir un nuevo horizonte museológico y una cultura propia para los museos de la UN. A pesar de su breve trayectoria, el SPM trató de comprender las líneas de evolución histórica, los momentos y las dinámicas de los distintos museos y colecciones museográficas para trazar un mapa.

En este sentido, el SPM no sólo trató de comprender el pasado, sino también de imaginar el futuro. Sin duda, para las personas que intervienen en la gestión del patrimonio cultural, pensar de forma prospectiva no es sólo un ejercicio estimulante, sino también una responsabilidad. El futuro no se puede prever, pero se puede preparar [2]. 

Desde su formulación, el SPM tuvo que atender dificultades y resistencias de todo tipo para poder desarrollarse como una herramienta concertada al servicio de la definición de las políticas de gestión del patrimonio cultural de la Universidad. No obstante, precisamente venciendo dificultades y resistencias es como la Universidad Nacional de Colombia ha venido construyéndose hasta el día de hoy, y como seguirá construyéndose en el futuro.

[1] “La Red de Museos Locales de la Diputación de Barcelona: un método de trabajo” original mecanografiado de Carles V. Guitart.

[2] Oriol Nel.lo, Ciutat de ciutats, Empúries, Barcelona: p. 195

dimarts, 10 de setembre del 2019

FALS BORDA


FALS BORDA, CIENCIA Y COMPROMISO




A través de su trayectoria intelectual y el contexto social en el que su obra se desarrolló, la exposición “Orlando Fals Borda. Ciencia y compromiso” constituía un reconocimiento de la Universidad Nacional de Colombia a la figura de Fals Borda como uno de los científicos sociales más importantes e incluyentes de la segunda mitad del siglo XX en Colombia.

«...nos dimos cuenta de costumbres ancestrales que son demostración del espíritu de cooperación y de construcción de vida por parte de nuestros grupos básicos...» 

Orlando Fals Borda nació en Barranquilla en 1925 en el seno de una familia acomodada. Fue el hijo mayor de Enrique Fals Álvarez, docente y periodista, y María Borda Angulo, líder comunitaria del Magdalena. Fals Borda fue un pionero de las Ciencias Sociales y un hombre comprometido con los cambios sociales en Colombia. Además de ser el fundador de la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional de Colombia y de la Asociación Colombiana de Sociología, se caracterizó por su prolífica e importante producción intelectual.
“La Universidad del Atlántico manifiesta un profundo agradecimiento a la Universidad Nacional de Colombia por este aporte a profesores y estudiantes que suma 14 mil personas. Tenemos más de 200 visitantes diarios [...] El montaje es dinámico y utilizó textos dicientes que actualmente la gente hace cola para leer porque son muy claros. Quienes llegan a la exposición salen convencidos de que Fals Borda hizo un aporte muy grande a la sociedad colombiana” señaló María Trillos, directora del Museo de la Universidad del Atlántico.
Su obra académica y política fue producto tanto de su sensibilidad por la historia del país como su compromiso social con la realidad nacional y la necesidad de transformarla.

A través del programa "Ida y vuelta", la exposición "Fals Borda, ciencia y compromiso" pudo exhibirse en Bogotá, Cartagena y Barranquilla". En el repositorio institucional del SINAB es posible encontrar y descargar la pieza de comunicación de la exposición.


"Fals Borda, ciencia y compromiso", 2009



La dirección del montaje museográfico y escenografía de la exposición 'Fals Borda, ciencia y compromiso' en el Claustro de San Agustín estuvo a cargo de Edmon Castell, geógrafo y museólogo, docente de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Colombia.


Año de realización del montaje: 2009

dimecres, 21 d’agost del 2019

SOBRE LA INQUIETANTE DIOSA CURA...

PENSAR Y ACTUAR COMO MUSEÓLOGXS
















Palabras de bienvenida dirigidas a lxs estudiantes de la V Cohorte (2016-18) de la Maestría en Museología y Gestión del Patrimonio.

La siguiente es una pequeña reflexión en voz alta sobre una forma de pensar, sentir y actuar... La de los museólogos y museólogas, me refiero. Una reflexión que inicia a partir de un mito y un arquetipo. No deja de sorprenderme a mí mismo que, para entender el pensamiento y la acción de lxs museólogxs, tenga que viajar en el tiempo para desempolvar a una vieja diosa olvidada... 

Hablo de la diosa romana Cura. 

A continuación contaré el mito de Cura no sólo para reivindicar una Diosa olvidada -y que se encuentra en los orígenes etimológicos de nuestra profesión-, sino también para destacar el valor de los mitos como fuente de conocimiento en la sociedad y en el mundo de los museos. 

Y contaré el mito de la Diosa Cura tal como lo aprendí y lo recuerdo de la lectura de uno de mis profesores de Geografía, la de la lectura de un texto del geógrafo Peter Gould que había recomendado su amigo y geógrafo también, el profesor Horacio Capel. Ese texto de geografía contaba como Cura era una diosa hermana de la Tierra que se preocupaba por lxs humanxs... Lxs humanxs, ya saben: aquellas cosas hechas con tierra ("humus"). Cura venía siendo una Diosa que andaba un poco preocupada por que sabía que los hombres -y el mundo, claro- son, somos, no solo frágiles sino también mortales...

Ese texto de Gould, que recogía la labor titánica de Goethe, nos contaba que Cura, en síntesis, era una diosa preocupada por la condición humana. 

Y es precisamente este hecho lo que hace, para mi, hace especialmente relevante el mito de Cura -y debería serlo también, al menos, para lxs museólogxs o futurxs museólogxs que van a ser ustedes-. Es, precisamente y a mi modo de ver, la preocupación por la condición humana y medioambiental -como nos recordaban geógrafxs como Gould o Capel, entre muchxs otrxs- lo que debería ser la "fuerza primaria de gran parte del portal motivación intelectual de la investigación científica actual". 

Pero, más allá de esta "fuerza primaria", a lxs museólogxs, el mito de la diosa Cura nos habla de más cosas. Cosas que deberían importar a lxs museólogxs: Por ejemplo, el mito da cuenta del vínculo que existe entre una diosa, ociosa y creadora, y una forma creada. Esa cosa creada que podemos denominar como "lo humano". Pero Cura no es solo la creadora de la Humanidad y de que podamos estar acá conversando acerca de ella... Al repensar el mito, nos damos cuenta que Cura alude a algo que lxs mortales llamamos tener "una responsabilidad". Una responsabilidad que se establece entre una diosa y algo que nosotros sabemos desde nuestro presente que es "lo humano". Lo humano como algo que no viene del mundo de los dioses, sino que procede y está hecho de algo profundamente terrenal como es la misma tierra, el mundo que nos rodea... 

Pero el mito de Cura tiene más capas de sentido... Sin duda, una de esas capas es la que nos sugiere la importancia de los sentimientos. Y de un sentimiento especial, el "sentimiento de pérdida": Cura es, sin duda una Diosa enamorada por la forma que ella misma ha creado. Pero Cura es, también, una Diosa angustiada... Angustiada porque sabe que la forma que ha creado -y que debe acompañar y cuidar- se degradará y, finalmente, morirá... Cura experimenta algo que podríamos denominar como un "sentimiento de pérdida" que, no lo dudo, está en el mismo origen de muchas, o la mayoría incluso podría afirmar, de las praxis museológicas y patrimoniales que desarrollamos lxs museólogxs. De forma más o menos consciente, todas las activaciones y actividades que realizamos lxs museólogxs tienen que ver, de alguna forma, con este sentimiento que, como nos recordaría el malogrado historiador marxista Raphael Samuel, también podríamos denominar "dialéctica negativa". 

De manera que, como la diosa romana Cura, también me encuentro entre lxs que piensan que todas las cosas y los lugares que nos rodean, de una manera aparentemente contradictoria, están conectados a un "sentimiento de pérdida", a una sensación de un mundo o de mundos que desaparecen. A este "sentimiento de pérdida", algunxs museólogxs lo llamamos -y nos gustaría teorizarlo- "dialéctica negativa". Un sentimiento extraño, no lo dudo, porque nos obliga a ser conscientes que, en nuestra labor de museólogxs, posiblemente no se trata tanto de proteger todo, de patrimonializar todo, de conservarlo todo, de exhibirlo todo... como de ser sensibles a todo y ser capaces de imaginar mundos, como nos sugeriría el gran William Blake, en cualquier grano de arena.

Posiblemente, el mito de Cura incide en esa vieja y repetida idea que "sólo podemos querer, a fondo, lo que sabemos que podemos perder". Como le pasa, por ejemplo, nuestra lengua. Cuando pienso en mi, se que mi lengua materna es una lengua minoritaria que algún día desaparecerá... Reconozco que imaginarlo me llena de angustia pero, al mismo tiempo, esa sentimiento de angustia tiene algo de "performativo" porque, como le sucedió a la misma 
diosa romana con su criatura, sucede que, precisamente porque sé que es mi lengua materna va a morir algún día, la hablo, cuido, la amo y la comparto con otras personas". Como si ese último día hubiera llegado hoy. De forma que el "sentimiento de pérdida" no intenta detener el tiempo ni busca volver atrás... simplemente busca vivir cada instante en un mundo en el que "todo lo sólido se desvanece en el aire" (Berman, 1988).

Es, el de pérdida, un sentimiento plenamente moderno. Impregna el pensamiento y la acción no solo de lxs museólogxs sino de millones de personas que sólo aspiran a entender, usar y vivir en común, todo lo que nos han dado, nos hemos encontrado o hemos creado, y que nos pertenece a todxs: nuestros comunes (-munus, el lexema que soporta la palabra "patrimonio"). "Onmia sunt communia" como gritarían los cristianos revolucionarios del siglo XVI. 

A lo mejor lo único que nos separa nuestro presente del mito -o al menos no nos cuenta el mito que recogió el poeta Goethe-, que nos hace distintos de Cura es que... nosotrxs, museólogxs o no, sabemos que "las formas creadas convierten creadoras". Ese acto generativo y común -de comunidad- que es el acto de creación de la diosa Cura tiene mucho que ver con principios, como el de "natividad", que formularon pensadoras como Hannah Arendt hace no tanto tiempo... Nociones que conectan con debates que, como nos recordaba estos días el economista Guy Standing, tienen que ver con esa clase social que denominamos "el precariado", "los comunes" y toda esa lucha desigual para evitar "la erosión de los espacios comunes [que] tiene efectos negativos en la economía, la sociedad y los valores de la gente". 

Lxs museólogxs somos precisamente esas personas y esa comunidad -profesional y académica- que, como la diosa Cura, tienen y desarrollan unas competencias especiales. Y sucede que, como pocxs otrxs profesionales, lxs museólogxs sabemos identificar, interpretar, conectar, imaginar, representar y activar los "objetos culturales" o "comunes culturales", aquellos bienes o espacios que tienen, o pueden tener un sentido para una comunidad para que formen parte de una larga cadena de relaciones -en el tiempo y el espacio- y no están aislados. 

Por último, ya que en este rato les he hablado de mitos y dioses, vale la pena recordar un viejo proverbio que dice que "cuando reímos, estamos más cerca de los dioses"Yo no se si creo mucho en los dioses y menos aún en solo uno. Pero sí creo, como dijo una vez un cómico del pequeño país en el que nací, en la risa. En esa risa y en esa alegría, la propia y también la ajena de la gente, que alarga la vida... 

Es por ello que les deseo, en los próximos semestres que pasarán en esta Maestría en Museología, que aprendan mucho de los libros y de lxs docentes, que descubran muchas cosas en las comunidades y en los patrimonios de Colombia. Y que, por sobre todo, rían mucho y que nos compartan, y nos contagien, de su risa...


dilluns, 1 de juliol del 2019

TUMACO EN EL ESPEJO

PAISAJES DE LA VIDA COTIDIANA, EN EL ESPEJO DE AGUA DE POSGRADOS

Traer el espacio a la vida
"Tumaco, paisajes de la vida cotidiana", es una exposición que forma parte de un proyecto del Centro de Pensamiento y Acción de las Artes que explora la dimensión pública y espacial de la cultura como una garantía, y una dimensión, de la multiplicidad y diversidad cultural. Las fotografías de Galo Naranjo que conforman la exposición nos acercan a unas culturas vivas y a un mundo que, no por distante del centro, está menos dotado de coherencia y de historias propias. Sin duda, al mirar de nuevo y poner atención a los registros fotográficos de Tumaco, podemos pensar y, de alguna forma como nos pedía la geógrafa Doreen Massey, "traer el espacio a la vida".
"Tumaco, paisajes..." en el Espejo de Agua (fotografía de Edmon Castell)


En el Espejo de Agua de Humanas
En el mes de junio del 2019, la exposición "Tumaco, paisajes de la vida cotidiana”, en la cual se evocan lugares de la vida urbana y cotidiana de este puerto sobre el Pacífico colombiano se instaló en el emblemático "Espejo de agua" del edificio de Posgrados de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia.
“Los lugares de la vida urbana diaria son, por su propia naturaleza, comunes, cotidianos, ordinarios, etc. y, posiblemente por ello, sus significados no acostumbran a ser explícitos. De ahí que sea siempre necesario un gran esfuerzo para aprehender y hacer comprensible el sentido de los paisajes de la vida cotidiana”, afirmaba el profesor Edmon Castell.
"Tumaco, paisajes..." en el Espejo de Agua (fotografía de S. Ruiz)
“El compromiso es con la gente de Tumaco, es poder contar cómo es su territorio, su lugar, su alegría, eso para mí es muy grato, además de ver cómo la capa de mi mirada se sumaba a la de otros para visibilizar la cultura tumaqueña”, revelaba el fotógrafo Galo Naranjo sobre el sentido de la exposición que se presentaba en el campus de la Sede Bogotá. 




El proyecto museográfico
Este proyecto museográfico buscaba vindicar la dimensión pública de la cultura presente en el espacio de ese municipio y que “constituye una garantía de la multiplicidad y la diversidad de las culturas vivas”, según el profesor Edmon Castell, director de la exposición. Una muestra fotográfica organizada en cuatro ámbitos: las escaleras, las motocicletas (que muestran desvanecimientos derivados del movimiento de la urbe), el cementerio y las texturas y pasillos que para el profesor Castell “conforman un entramado coherente y una forma de entender el mundo para apropiarse de él”.
"Tumaco, paisajes de la vida cotidiana..." en el Espejo de Agua (fotografía de S. Ruiz)












(continuará...)

dilluns, 4 de febrer del 2019

PENSAMIENTO Y ACCIÓN

Emma Araujo (Edmon Castell). 2015
Un libro y... una mujer poco corrientes
Un libro poco corriente. Emma Araújo de Vallejo: su trabajo por el arte, la memoria, la educación y los museos es, sin duda, un libro poco corriente. 

Y no tanto por los temas que contiene o las preguntas que plantea, sino especialmente por el método dialógico y el horizonte de investigación que abre para los museos en Colombia.

Es un libro sobre una mujer, Emma Araujo (nacida en 1930), una museóloga relativamente desconocida en Colombia. El libro incide en algunos de sus principales logros profesionales como museóloga y destaca, de forma especial, el período comprendido entre 1974 y 1982, en el que Emma A. se desempeñó como directora del Museo Nacional de Colombia.

Pero el libro es algo más que un reconocimiento a la trayectoria profesional de una mujer comprometida con los museos y la educación. A medida que avanza la lectura, descubrimos que la mirada de William López –profesor del Instituto de Investigaciones Estéticas y de la Maestría en Museología de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Colombia- sobre su protagonista no busca centrar su atención en los logros de Emma A., sino en poner el lente en su “acción museológica”. Una acción museológica que no puede ser definida simplemente a través de una crónica lineal de hechos y fechas, sino que necesita ser narrada a través de actos y experiencias con sentido.

Emma A. no es una mujer representativa, sino que fue una museóloga significativa por sus actos. En especial, por los que están relacionados con la modernización de las prácticas museológicas y que, para el caso del Museo Nacional de Colombia, significarían su tránsito de un “museo letrado” –conformado por un gabinete de curiosidades patrióticas y sociales- a un museo erudito y moderno.

A pesar de no ser suficientemente conocida, la acción museológica desarrollada por Emma A. en la década de los años setenta sigue siendo relevante y contemporánea. Como museóloga, Emma A. concibió el museo no como un depósito de objetos inertes sino como un espacio discursivo. A partir de esta idea, pudo y supo traducir, en el espacio expositivo del Museo Nacional de Colombia, el valor de los objetos culturales a través de una trama discursiva.

La imaginación autobiográfica
Pero las tramas discursivas y los relatos que se despliegan en los espacios expositivos de los museos son casi siempre efímeros. Y en Colombia, de la misma forma que sabemos muy poco acerca de las realizaciones, renovaciones y transformaciones museográficas que se han sucedido en el tiempo, desconocemos prácticamente todo de las personas que hicieron posibles estas transformaciones del espacio museográfico de los museos.
Es una historia pendiente por escribir. Posiblemente porque los protagonistas de los museos, los museólogos, casi nunca escriben y sucede al final que las huellas de sus itinerarios se borran tras de ellos. Al final, este componente humano que está detrás de los museos, su cara oculta, son personas que desaparecen y se pierden para la historia.
Precisamente, la investigación desarrollada por el William L. es un potente ejercicio de “imaginación autobiográfica” que busca identificar, reconocer e interpretar la labor museográfica que emprendió, y que tuvo que abandonar, Emma A. a través de una narración oral  que se combinó con fuentes escritas y material visual de los museos de la segunda mitad del siglo XX.

El libro es una conversación, de cerca de 5 años, en la que un investigador pudo escuchar y una museóloga pudo contar su pasado. Y por ello mismo, es un ejemplo de la capacidad que tuvieron dos personas para cooperar en la construcción de un tipo de “escritura abierta y sugestiva, capaz de ayudar a comprender un tiempo y un espacio humano, de llegar a ser una historia social a través del espejo de una historia de vida” (1).

Una conversación que va más más allá de una simple reconstrucción lineal de la trayectoria profesional de una museóloga más o menos conocida. Las páginas de libro desgranan su atención en detalles significativos y dispersos que iluminan sobre el recorrido vital y el relato de valores museológicos de Emma A.

El esfuerzo que dedicó Emma A. en modernizar las prácticas museológicas nos permite entender el lugar que las instituciones de la memoria, como el mismo Museo Nacional de Colombia, han tenido en la apropiación de las artes y las ciencias como en la conformación de los imaginarios y la identidad de la sociedad colombiana.

La biografía de Emma A. plantea la necesidad de trasladar el énfasis de la representatividad o excepcionalidad del protagonista de una historia a la de su significación -en relación a un contexto social e histórico-. Una significación en un sentido moral. Las páginas del libro no son la crónica de unos hechos. Son la narración de un proyecto. Sin duda, el proyecto profesional de Emma A. traduce una resistencia democrática y pedagógica ante la hegemonía cultural de las élites políticas y económicas de Colombia. A través de su conversación, el profesor William L. y la museóloga Emma A. develan y rescatan algunos proyectos culturales de encuentro y disenso de instituciones de la memoria que, a pesar de su aparente marginalidad, nunca fueron funcionales a la lógica de la cultura de la guerra en Colombia.

Lejos de querer presentar a Emma A. como una mujer excepcional, el  libro nos muestra y permite comprender la compleja articulación de una museóloga como un sujeto social, integrante de una generación y heredera de un capital social, cultural y político particular. Una articulación que, precisamente, le permitió a la protagonista del libro construir su proyecto de institucionalidad museológica para impulsar y consolidar la idea de un nuevo tipo de museo en Colombia: la del museo como espacio discursivo centrado en la investigación curatorial y la educación.

La aventura museológica en Colombia
El libro que presentan Emma A. y William L. inicia un nuevo, y denso, programa de investigación sobre la historia de los museos y la museología en Colombia. Un programa que reconoce que, detrás de las salas de exposiciones, las colecciones, las conferencias y las publicaciones, existe una “cara oculta” poco reconocida o incluso ignorada que está conformada por personas concretas de carne y huesos. Personas que “viven” los museos como lugares cargados de emociones, razones y significados relacionados con las prácticas culturales de adquisición, clasificación, conservación organización,  representación e interpretación de los legados patrimoniales que recibe, genera y transmite una sociedad.
“La aventura museológica en Colombia” abre un programa de investigación que trata de ir más allá del reconocimiento y articulación de la compleja, fragmentada y rica –pero también desconocida- tradición museológica que, desde el siglo XIX, se ha venido desarrollando en Colombia tanto desde la academia como desde la práctica profesional de los museos. Pero que, como nos recuerda el museólogo Luis Gerardo Morales, a diferencia de lo que fue la museología en el siglo XIX, apegada por completo a las técnicas de conservación, registro e inventario de las colecciones, la museología contemporánea pertenece al campo de las disciplinas sociales y las humanidades que se interesan por “el estudio crítico de las operaciones museográficas, y despliega su interés en las condiciones sociopolíticas, educativas y económicas que preestablecen el sentido de cualquier exhibición de conocimientos” (2) que dejan ver, en algunas ocasiones, el carácter resiliente, resistente -o incluso irreverente- de algunos museos y museólogos frente el poder.
En síntesis, libros como el de Emma A. y William L. nos permiten conocer algunas de las historias de vida de las personas que han hecho posible la supervivencia de las instituciones de la memoria -y la misma transmisión de nuestro patrimonio cultural- y nos acercan a una mirada compleja de los museos como espacios de pensamiento y acción que una sociedad no puede ignorar, marginar o, sencillamente, desperdiciar.

NOTAS
(1) Feixa, Carles (2000), “La imaginació autobiográfica”, L'Avenç. Revista d´història i cultura. Barcelona #252 Pág. 16.
(2) Morales, Luis Gerardo (1996) «Qué es un museo» en: Cuiculco. Revista de la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Instituto Nacional de Antropología e Historia - Escuela Nacional de Antropología e Historia, Vol. 5, No. 7, mayo/agosto de 1996, México DF. Pág. 67.

dilluns, 28 de gener del 2019

INTERPRETACIÓN

Reserva forestal Mutis. Mariquita (Edmon Castell)
Interpretación y gestión sostenible del patrimonio cultural de la UN

El pasado 18 de mayo, Día Internacional de los Museos (DIM), los museos de todo el mundo buscaron generar actividades y espacios de encuentro con el objeto de aproximar a los ciudadanos a la labor que desempeñan los museos como instituciones al servicio del desarrollo de la sociedad, de la cooperación y el enriquecimiento de las culturas. 


El Sistema de Patrimonio Cultural y Museos (SPM) y los museos universitarios de la UN trataron precisamente de aprovechar la última convocatoria del DIM del 2009, “Museos y Turismo”, para iniciar la activación e implementación de nuevas estrategias y nuevos principios de gestión del patrimonio cultural de la UN.

El SPM fijó su atención en aspectos diversos relacionados con la sostenibilidad del patrimonio cultural que la UN administra en el presente a través de los museos y otras dependencias universitarias. En este sentido, el SPM hizo un cierto énfasis en principios orientados a garantizar un equilibrio entre la dinámica productiva e investigativa con la conservación del patrimonio cultural y el respeto por el medio ambiente.



Casa de los Pintores en Mariquita.
Entre los medios para lograr este objetivo, se puede destacar la utilización de estrategias interpretativas que implementen una oferta complementaria basada en recursos patrimoniales del campus. La interpretación del patrimonio cultural difuso de la UN constituye tanto una experiencia como una herramienta que pueden hacer compatible la preservación del patrimonio cultural con el desarrollo económico y social generado a partir de nuevos visitantes.

Se trataba, en síntesis, de un nuevo enfoque y nueva estrategia del SPM que, recogiendo la trayectoria y experiencia previas (los grupos de Vigías de Patrimonio, por ejemplo) puede contribuir a que sus miembros asuman nuevas formas de ver, valorar y proyectar –dentro y fuera del campus- la compleja y rica identidad cultural de la Universidad Nacional de Colombia.


Editorial del Programador SPM #7 (2009)

dissabte, 26 de gener del 2019

SABERES DE PUPUÑA


Pupunha, chontaduro, pixbae, cachipay... (Fernando Urbina)
SABERES DE PUPUÑA. EL CHONTADURO EN LA AMAZONÍA

En el 2014, después de varios años de trabajo, se inauguraba finalmente la exposición “Saberes de pupuña, el chontaduro en la Amazonia” en el Claustro de San Agustín, sede del Sistema de Patrimonio y Museos (SPM) de la Universidad Nacional de Colombia.




La pupuña, algo más que un fruto
"Pupuña" o "pupunha" es uno de los cientos de nombres indígenas que ha recibido el Bactris gasipaes Kunth, conocido también como chontaduro, planta aprovechable en su totalidad, cuyo fruto es una valiosa fuente de proteína vegetal imprescindible en la dieta alimenticia de diversas poblaciones. 


La palma del chontaduro (Mario Murcia)

La incorporación de esta especie en los cuerpos mitológicos y rituales de sociedades yukuna, matapi, tamikuna, lituana, makuna, mirañas, boras y uitotos, revela el amplio conocimiento de su entorno, las sofisticadas tecnologías de producción y aprovechamiento de la diversidad biológica desarrollado por los pueblos amazónicos, saberes que constituyen hoy, un gran potencial para el futuro.

“[La exposición] es un grito al unísono de cultura, conocimiento y alimento. Estas exposiciones con recursos multimediales convierten este fenómeno en una experiencia viva que toca a las personas. Es algo vital para entender los ecosistemas amazónicos”, afirmaba Ernesto Agudelo
Se trataba de una iniciativa expositiva que había iniciado la Corporación Tapioca y que, con el apoyo del Sistema de Patrimonio Cultural y Museos (SPM) de la Universidad Nacional de Colombia, buscaba
visibilizar y rescatar los diferentes saberes tradicionales que giran en torno a la pupuña con la firme intención de resguardarlos para el provecho de próximas generaciones. 

Sin duda, este propósito se alcanzó a pesar de las dificultades con la realización del proyecto museográfico, pero, desafortunadamente, no tuvo continuidad institucional.



Saberes de Pupuña


La pupuña y los saberes ancestrales

Una gran diversidad de pueblos Amazónicos incorporan a la pupuña en sus mitologías. En estas sociedades la pupuña, al igual que otras plantas, son consideradas gente o ancestros míticos. La pupuña o chontaduro está presente en la cosmovisión y rituales a través de los cuales se representa la dinámica entre la vida y la muerte. Se trata de una ritual que identifica a los grupos de la zona del nor-oeste Amazónico (que comprende territorios de Colombia, Perú y Brasi) , en donde habitan los miraña bora, huitoto, andoques, yukuna, matapi (Arawak) taminuka, lituana y makuna (Tukanio oriental).

La fiesta del chontaduro o baile del muñeco es un ritual de intercambio entre malocas que reafirma los vínculos con el mundo del agua que se realiza en los meses de diciembre y febrero. En él participan los personajes de los “abuelos” o ancestros de y los “dueños” de los animales, quienes son invitados a compartir los frutos de su trabajo: la caza, la pesca, el cultivo y la yuca y en especial la chicha de chontaduro. Los bailadores representan a los animales con cantos y máscaras, de acuerdo con el relato mitológico sobre el origen de los seres acuáticos y se acompañan con la chicha, la coca y el tabaco ritual que se ofrece a los invitados en el interior de la maloca.

“El chontaduro entró a formar parte de los ciclos, digamos religiosos o los ciclos rituales, garantizando la importancia que tenían. Las cosas que son importantes se sacralizan, la comida se sacraliza”, afirmaba Fernando Urbina
A través del mito del chontaduro, "las comunidades buscan la armonía cósmica, social y personal en la que transcurre la vida", destacaba en la inauguración de la exposición Fernando Urbina, uno de los profesores de la Universidad Nacional de Colombia que más ha investigado los mitos originados en torno a este fruto.

El baile del muñeco (Mario Murcia)
Según el profesor Urbina, en las poblaciones indígenas la Bactris Gasipaes Kunth- nombre científico de la pupuña o chontaduro, como la conocemos- hace parte de una serie de rituales y tradiciones muy arraigadas. “El chontaduro entró a formar parte de los ciclos, digamos religiosos o los ciclos rituales, garantizando la importancia que tenían. Las cosas que son importantes se sacralizan, la comida se sacraliza”, declaró al respecto. 


Y agregó: “hay grupos indígenas, unos más, otros menos, que alrededor de la utilización del chontaduro han hecho rituales más o menos complejos”. 



Eso es precisamente lo que ha sucedido con este fruto, una palma cuyo fruto -fuente de nutrientes de alto valor alimenticio- es utilizable en su totalidad y del cual se desprende toda una cultura que ha sido construida a partir de sus propiedades y de ser considerada gente; de ahí también que la pupuña haya sido bautizada con cientos de nombres y sea núcleo de sus bailes y ceremonias.



El proyecto museográfico
La Corporación Tapioca, a partir de un trabajo realizado con comunidades indígenas del departamento del Vaupés, había iniciado un proyecto sobre el chontaduro en un intento por divulgar los saberes ancestrales que se relacionan con este fruto. Poco después, en el año 2011, la iniciativa llegaba a la Dirección de Museos y Patrimonio Cultural de la Universidad Nacional de Colombia para tratar de traducir esa investigación en fuentes orales en una exposición.


El baile del muñeco (Mario Murcia)
El proyecto museográfico fue creciendo tanto en contenidos como en su horizonte museológico, lo que motivó a la antropóloga peruana María Eugenia Yllia a integrarse al equipo de trabajo. 


La antropóloga Yllia, quien incorporó al guión los conocimientos ancestrales de los indígenas boras de la Amazonia peruana, trajo a Colombia la pieza pictórica del también bora Víctor Churay, en la que este pintor ilustra un ritual denominado “Fiesta del pijuayo” que gira en torno a la cosecha de la pupuña, chontaduro o pijuayo, tres de los cientos de nombres con los que las comunidades indígenas han bautizado a este fruto. Posteriormente, el filósofo y mitólogo Fernando Urbina, quien también se vinculó al proyecto museográfico, desarrolló la importancia mitológica que la “fiesta del pijuayo” o “Baile del muñeco”.

Por un diálogo de saberes
El conocimiento de la diversidad y los comportamientos de las especies vegetales, animales y el manejo equilibrado del medio ambiente es el mayor aporte del hombre amazónico al mundo. Estos saberes se reflejan en el desarrollo de tecnologías para el aprovechamiento de recursos y la domesticación de la naturaleza, lo que se conoce en la actualidad como etnociencia. A través de los mitos, los rituales que se hacen a partir de la cosecha de la pupuña, se visibilizan estas destrezas y la ética que subyace en las relaciones del hombre amazónico con su medio.



La exposición "Saberes de pupuña", desde una mirada interdisciplinaria que combinó pintura, fotografía y otros recursos audiovisuales, resaltó el conocimiento milenario que encierra el cultivo y la domesticación de la pupuña, una palma de vital trascendencia en la vida de los pueblos indígenas de la cuenca Amazónica y de otras geografías del continente americano para impulsar un diálogo de saberes desde la museografía. 


La fiesta del pijuayo

El profesor y mitólogo Fernando Urbina contaba que ya en 1637 Fray Adrián de Santo Tomás describe la fiesta de cosecha del pijiayo balseada que hacían los indios guaimíes del istmo panameño. Según algunos investigadores esta fiesta fue creada por los tanimucas y sociedades ubicadas entre el Apaporis y el Miriti Paraná (Colombia); desde allí se traspasó a los mirañas y a los boras, uitotos y andoques.

Se trata de una ritual que identifica a los grupos de la zona del nor-oeste Amazónico (que comprende territorios de Colombia, Perú y Brasi) , en donde habitan los miraña bora, huitoto, andoques, yukuna, matapi (Arawak) taminuka, lituana y makuna (Tukanio oriental). La pupuña o chontaduro está presente en la cosmovisión y rituales a través de los cuales se representa la dinámica entre la vida y la muerte.

El ritual recibe diversos nombres, el baile del muñeco, el baile de los pescados, el baile de los espíritus, danza del el espíritu del origen de la pupuña, fiesta del pijuayo, el baile del chontaduro, entre otros.

La fiesta del chontaduro o baile del muñeco es el ritual de intercambio entre malocas que reafirma los vínculos con el mundo del agua. Se realiza en pleno verano, en tiempo de cosecha del chontaduro, representado por los personajes de los “Abuelos”, los ancestros de los grupos indígenas y los “Dueños” de los animales, quienes son invitados a compartir los frutos de su trabajo: la caza, la pesca, el cultivo y la yuca, pero especialmente la bebida fermentada o chicha de chontaduro. Los bailadores representan a los animales con cantos y máscaras, de acuerdo con el relato mitológico sobre el origen de los seres acuáticos y se acompañan con la chicha, la coca y el tabaco ritual.

Antiguamente el juego de pelota era parte integrante de dicha fiesta, pero en la actualidad éste ha caído en desuso. Entre los boras, los jugadores de pelota se presentaban con las manos cargadas de frutos que entregaban al organizador de la fiesta, reviviendo así el mito del hombre pucunero que fue el primero en obtener la semilla del pijuayo mediante un tiro de pelota al árbol del Dóóránie Bóóa. 


En la fiesta, el rol principal está personificado en Memey (padre de la palmera) que se desdobla a la vez en pez mítico, primer cultivador y propagador de la sagrada palmera. Otros danzantes llevan máscaras zoomorfas hechas con madera de topa de las aves, insectos, reptiles y peces que se alimentan con las semillas y afrecho del pijuayo.

Memeba
Memeba. La fiesta del pijuayo (detalle). Victor Churay
La antropóloga y curadora María Eugenia Ylya explicaba que la pintura del artista bora Víctor Churay Roque presenta una narración visual de la Fiesta del pijuayo, un ritual de intercambio entre malocas que reafirma los vínculos con el mundo del agua que se realiza en los meses de diciembre y febrero. 


En este ritual participan los personajes de los “abuelos” o ancestros de y los “dueños” de los animales, quienes son invitados a compartir los frutos de su trabajo: la caza, la pesca, el cultivo y la yuca y en especial la chicha de chontaduro. 



Los bailadores representan a los animales con cantos y máscaras, de acuerdo con el relato mitológico sobre el origen de los seres acuáticos y se acompañan con la chicha, la coca y el tabaco ritual que se ofrece a los invitados en el interior de la maloca.

La fiesta es organizada por el curaca bora que tiene en sus purmas buena producción de pijuayo y representa una acción de gracias por la cosecha obtenida y a la vez es un rito petitorio de nuevos alimentos y frutos. El curaca convoca a su gente para que le ayuden a cosechar, ordenando luego a sus mujeres que preparen abundante chicha de pijuayo para los invitados. Primero se dirige con su ambil o tabaco a hacer la invitación a los curacas de otros clanes a que participen en la gran fiesta del pijuayo.

Cuando estos curacas aceptan se comprometen, unos a fabricar las máscaras de los animales míticos que participan en la fiesta, y otros a proporcionar abundante comida.

Antiguamente el juego de pelota era parte integrante de dicha fiesta, pero en la actualidad éste ha caído en desuso. Entre los boras, los jugadores de pelota se presentaban con las manos cargadas de frutos que entregaban al organizador de la fiesta, reviviendo así el mito del hombre pucunero que fue el primero en obtener la semilla del pijuayo mediante un tiro de pelota al árbol del Dóóránie Bóóa. En la fiesta, el rol principal está personificado en Memey (padre de la palmera) que se desdobla a la vez en pez mítico, primer cultivador y propagador de la sagrada palmera. Otros danzantes llevan máscaras zoomorfas hechas con madera de topa de las aves, insectos, reptiles y peces que se alimentan con las semillas y afrecho del pijuayo.
(en desarrollo...)


En este enlace Web puedes descargar la máscara de sábalo de la pieza de comunicación de la exposición "Saberes de Pupunha".


El pez chonraduro (Carlos Rojas)


La dirección del montaje museográfico y escenografía de la exposición 'Saberes de pupuña' en el Claustro de S. Agustín estuvo a cargo de Edmon Castell, geógrafo y museólogo, docente de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Colombia.

Año de realización del montaje: 2014

Diseño museográfico: Carlos Rojas