divendres, 16 de juliol del 2021

CIENCIA Y "BRANDING" TERRITORIAL













LOS MUSEOS Y CENTROS DE CIENCIAS (MyCC) Y LA CONFORMACIÓN DE UN NUEVO PAISAJE CULTURAL

A nivel museológico, los museos y centros de ciencia (MyCC) han sido un escenario privilegiado para comprender, no solo la relación entre la ciencia y la sociedad, sino también para interpretar como se crean y transforman determinados imaginarios territoriales. Sin duda, los museos y centros de ciencia no son solo un medio de difusión científica. Más allá de su carácter aparentemente neutral, son medios de comunicación que transmiten, reproducen y refuerzan discursos políticos y culturales. Y aunque todos los museos de ciencia se definen a sí mismos como instancias para el aprendizaje de las ciencias, siempre se revelan como portadores de operaciones para la transformación de los marcos culturales en los territorios en los que se construyen.

En Colombia, los nuevos centros y museos de ciencia surgen de un discurso centrado en las ideas de competitividad y modernización. En este sentido, la apuesta realizada en el último quinquenio desde el gobierno central y los gobiernos departamentales por los centros y museos de ciencia puede leerse como un esfuerzo y voluntad de promover un nuevo sistema de nuevos significados y referentes culturales y territoriales que, en principio, no descansan en referencias históricas preexistentes.

En este sentido, es posible leer la eclosión reciente de los centros de ciencia en Colombia como una manifestación de un proceso más extenso y complejo de etiquetado territorial que busca generar una transformación en el paisaje cultural. Como etiquetado o "branding" territorial, el impulso de centros de ciencia podría interpretarse como una estrategia de competitividad entre territorios relacionada con la construcción y promoción de imágenes estereotipadas o de marca que configuran una nueva identidad para determinados paisajes culturales. 

Como es sabido, el punto de partida de este tipo de estrategia de mercantilización icónica de un territorio “consiste en la selección y difusión –o en la generación ex novo- de una serie de rasgos característicos, específicos y excepcionales del paisaje de cada lugar, que se reputan como «positivos» o «atractivos» para, de esta forma, construir una «imagen de marca»” que permite atraer recursos para favorecer el crecimiento, principalmente económico, de un territorio. En este tipo de procesos, los museos de ciencia se convierten no solo en medios de divulgación o aprendizaje de ciencia, sino en agentes activos que pueden desempeñar un papel crucial en las estrategias de mercantilización icónica de los paisajes que persiguen transformación de los imaginarios territoriales.

Desde este punto de vista, entender los contextos institucionales que hacen posible la emergencia e institucionalización de equipamientos especializados -como los museos y centros de ciencia- puede ayudarnos a interpretar como la ciencia ha sido usada y participa, también en el siglo XXI, de procesos de homogeneización cultural que tienen una traducción espacial. Porque, como aseguran algunos geógrafos, la reducción de un paisaje a imágenes estables y estereotipadas resultado de procesos de mercadeo icónico del paisaje (branding territorial) no solo elimina la complejidad y la corporeidad de los lugares, sino que al fijar determinados rasgos, deviene en buena medida incompatible con la noción de cambio, de transformación, que es inherente a cualquier paisaje y, por tanto, contribuye a hacer incomprensibles los procesos y los conflictos sociales que la crean y la transforman. 

Una incompatibilidad que, por otro lado, encaja mal con el carácter transformador y participativo que se espera que transmitan los nuevos museos y centros de ciencia.