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dissabte, 7 de març del 2020

APETITO POR LO VISUAL

Raphael Samuel


MIRAR, Y VOLVER A MIRAR, EL MUNDO...
Una de las características del "grupo de investigación en museología, ecocrítica y comunes" es que su pensamiento se desarrolla con la acción y con la transformación de la percepción. Como decía el escritor Camus, "Pensar es aprender a ver las cosas de nuevo y poner atención" (citado en Amador Fernández-Savater, 2019).

Sin duda, desde sus inicios, el grupo ha tratado de reconocer y estimular lo que el historiador Raphael Samuel llamaba el "apetito por lo visual" (Teatros de la memoria, 1994). 

Scopofilia, el apetito por lo visual
El "apetito por lo visual" se refiere a esa capacidad de la gente por mirar, registrar y volver a mirar, de forma creativa, el mundo que nos rodea. De alguna forma y acorde a esta idea, el grupo incide en una idea que, no por conocida, a veces se nos olvida: y es que las personas vivimos en el fondo de un océano atmosférico.
"Allá abajo en el cielo" está la tierra. Estamos nosotros. Se trata de un mensaje que puede convertirse en profundamente perturbador y evocador al mismo tiempo, porque nos hace caer en cuenta que, "allá arriba" o "allá abajo", el nuestro es solo un planeta "vestido de nubes y tempestades, que va pasando del día a la noche, donde se encienden y se apagan el cielo, las ciudades y los continentes", William Ospina.
#Maria NOAA GOES 13 0845UTC 
Desde este punto de vista, el grupo de investigación en museología, ecocrítica y comunes busca hacernos pensar que, como escribió William Ospina, "allá abajo en el cielo" está la tierra. Estamos nosotros. Se trata de un mensaje que puede convertirse en profundamente perturbador y evocador al mismo tiempo, porque nos hace caer en cuenta que, "allá arriba" o "allá abajo", el nuestro es solo un planeta "vestido de nubes y tempestades, que va pasando del día a la noche, donde se encienden y se apagan el cielo, las ciudades y los continentes..." (Ospina, 2014).

Más que un dato científico...
Indirectamente, las imágenes y metáforas que cultiva el grupo de investigación buscan hacernos ver y pensar que la tierra es algo más que un dato científico o un mapa. La tierra es nuestra única morada posible, nuestro hogar. Mirar el mundo desde esta perspectiva geográfica, y también museológica, nos puede hacer pensar que la Tierra y el mundo entero que nos rodea siguen siendo algo desconocido.

Pero precisamente porque el mundo sigue siendo algo desconocido, toman más fuerza, como dijo el geógrafo Peter Gould, la pasión y motivación intelectual -que debería caracterizar siempre la investigación- por la condición humana y medioambiental en nuestro presente.

dissabte, 13 de juliol del 2019

CRONOSCOPÍAS

LA FOTOGRAFÍA URBANA, MÁQUINA DEL TIEMPO (1) 
Breve ensayo sobre el valor y uso de las colecciones fotográficas en los museos de ciudad 
EDMON CASTELL 

La fotografía es una máquina del tiempo porque, ante todo, es una máquina espacial. Construye un mapa inteligible de la superficie visible de la Tierra tal como comparece frente al lente. Este mapa soporta el pasado y nos permite adentrarnos en él. 
Phil Ethington, Cronoscopia: la fotografía de la historia 



La fotografía, el telégrafo y el teléfono, entre otros, forman parte de un gran conjunto de invenciones del siglo XIX que revolucionaron radicalmente nuestra percepción del tiempo y del espacio. Actualmente, parece que somos más conscientes de la influencia que ejercen las innovaciones tecnológicas en nuestra vida cotidiana y, respecto a la fotografía, asumimos que las interpretamos de manera automática. Pero, ¿comprendemos en realidad el papel que han desempeñado en la formación de nuestro sentido de pasado y presente? 

Consecuente con su misión de explorar las vías a partir de las cuales la memoria de una ciudad se crea, representa, institucionaliza, disemina y congela en una comunidad (2), el Museo de Bogotá inicia, con la exposición “La fotografía urbana: máquina del tiempo”, una línea de investigación en torno a la fotografía urbana. Se trata de un proyecto que busca entrecruzar debates recientes impulsados desde disciplinas tan diversas como la historia social, la antropología urbana, la geografía cultural, la arquitectura del paisaje y la sociología visual, entre otras. 

Este breve texto es la primera sistematización de algunas ideas sobre el valor y uso de las colecciones fotográficas en los museos de ciudad, expresadas en algunas hipótesis y en el esbozo de múltiples reflexiones. Por todo ello, estas líneas solo pueden concluir, como en las historias del cómic, con: “Continuará”. 

EL OJO DE LA HISTORIA
La fotografía urbana, en sus inicios, fue el fruto de una limitación de orden técnico. Una de las primeras fotografías tomadas por Daguerre en 1839 es la de un paisaje urbano de París, en la que “destaca la figura solitaria de un hombre, cuya silueta fue captada por la cámara gracias a que permaneció quieto por estar limpiando su calzado” (3). Los largos tiempos de exposición, que requería la fotografía, exigían la inmovilidad del motivo que se deseaba fotografiar. Esta limitación técnica fue superada pocos años más tarde al congelar los movimientos de personas y vehículos en los paisajes urbanos. Con ello, los fotógrafos pudieron registrar el movimiento y, de alguna manera, el paso del tiempo ya que “se imaginaban a sí mismos como historiadores que registraban un mundo evanescente y que trabajaban precisamente para hacer eso” (4): para retratar las cosas como si fueran reliquias destinadas a la extinción. En menos de doscientos años de existencia de la fotografía, los fotógrafos –profesionales, aficionados, espontáneos o locales– han producido una gran cantidad de imágenes de diversas ciudades, que muestran escenas de la vida cotidiana, edificios, ceremonias, etc. del pasado “tal como fue”. 
La fotografía urbana está conectada con la sensación de un mundo que desaparece. Esta interpretación de la fotografía como consecuencia de una “dialéctica negativa” coincide, curiosamente, con la manera retrospectiva en que vemos, desde el presente, las viejas fotografías. La nostalgia, que proyectamos en ellas, es un sentimiento que no se dirige hacia el pasado en sí, sino hacia las ausencias del presente. Las fotografías evocan “aquello que ya no somos”, todo aquello que hemos perdido. 

Las fotografías, como indica el escritor Salman Rushdie refiriéndose a las imágenes de su infancia, se convierten en artefactos que nos recuerdan que es nuestro presente el que se ha vuelto extraño y que el pasado es nuestro hogar “aunque un hogar en una ciudad perdida en la niebla del tiempo” (5). 

VIEJAS FOTOGRAFÍAS 
Hoy en día, los millones de fotografías realizados desde el siglo XIX no son solamente un registro documental, sino, ante todo, una parte activa, viva, de nuestro patrimonio cultural (6). El “descubrimiento” relativamente reciente de las antiguas fotografías ha sido obra de muchas y diferentes manos: coleccionistas, libreros, archivistas, curadores de exposiciones, historiadores locales y comunidades de artistas (7). Actualmente, es posible encontrar colecciones en todos los continentes y en una multitud de instituciones públicas: museos, bibliotecas y archivos, así como también privadas: compañías comerciales, familias y fotógrafos profesionales. 

En las cajas de fotografías antiguas se encuentra una rica y multiforme visión del pasado, que a veces tarda en integrarse como tal en la historia oficial. Es así porque las fotografías casi no pueden hablar por sí mismas, aunque las historias que transmiten son transparentes, permanecen crudas (8), necesitan entrar en diálogo con otras fuentes y difícilmente pueden ser interpretadas de manera aislada. 

Como sugieren algunos antropólogos, una fotografía puede ser un objeto de arte, un ítem de una investigación etnográfica, una reliquia familiar o todo ello al mismo tiempo. Como otros artefactos, las fotografías fueron hechas por alguien con alguna intención, razón por la cual pueden ser usadas e interpretadas de múltiples maneras (9). 

Precisamente, la metodología aplicada en el estudio de las fotografías debe estar especialmente dirigida a la percepción de aquello que en especial nos transmiten: 

1. La información que suministran es diferente de la que nos proporcionan las fuentes escritas, pues muestran una minúscula porción de tiempo y espacio con el máximo detalle. 

2. La posible manipulación a que pueden ser sometidas es de carácter diferente del que acostumbra a darse con los textos. Aunque el ojo del fotógrafo esté dirigido a determinados aspectos y elementos que considera relevantes, y las composiciones puedan parecer artificiales o forzadas, el material que forma la fotografía, aquello que registra personas, edificios, etc., es necesariamente real (10). 
 
Existen otras ventajas y dificultades en el uso de las fotografías como testimonio del pasado. A veces, la ausencia de contexto (fechas, nombres de personajes y escenarios, procedimientos, procedencia, etc.) en los documentos fotográficos es habitual y obstaculiza la lectura al hacer que su mensaje resulte ambiguo y difícilmente descifrable. Por otro lado, nunca debe olvidarse que la fotografía está estrechamente ligada a la sociedad en que se produce: su ojo y sus focos de atención son los de ella, así como la imagen del mundo que transmite. El material visual “nos explica el pasado con sus propias formas de representación” (11). 

TIEMPO Y ESPACIO A TRAVÉS DE LA FOTOGRAFÍA: CRONOSCOPIA 
Aún no hemos comprendido totalmente el impacto de las fotografías sobre nuestro sentido del pasado. En principio, no nos ofrecen crónicas ni procesos, sino impresiones, instantáneas, efímeras plasmaciones de fragmentos del pasado. Para algunos, “describen solo momentos congelados, estáticos, sacados de la experiencia vivida, que no transmiten ningún sentido de la conexión diacrónica” (12), es decir, de los fenómenos que ocurren a lo largo del tiempo. 

No obstante, una de las potencialidades de la fotografía es que otorga “especialidad” a lo 
histórico. La historia no se desarrolla en el tiempo: ocurre en y a través del espacio y “literalmente, la historia ocupa lugar”13. Este hecho se hace tangible cuando comparamos dos fotografías de un mismo escenario realizadas en dos momentos diferentes. Ahí, la fotografía urbana se convierte en una máquina del tiempo y del espacio. Una máquina que, volviendo a nuestro epígrafe, “construye un mapa inteligible de la superficie visible de la Tierra tal como comparece frente al lente. Este mapa soporta el pasado y nos permite adentrarnos en él” (14). 

La fotografía urbana es un instrumento que permite comprender las transformaciones espaciales y sociales. La lectura de series temporales lleva a reconocer los trazos de un mundo que ya no existe (15). El torrente de fotografías de un mismo escenario desborda nuestra tendencia a ver la imagen urbana como reflejo de un mundo socialmente estático. El poder cautivador de las series fotográficas radica, precisamente, en esa capacidad para transformar nuestro conocimiento y entendimiento del paisaje urbano. 

En este orden de ideas, casi todos los museos urbanos del mundo poseen colecciones fotográficas que responden al deseo de documentar los cambios de la ciudad en los últimos dos siglos (16). Mediante esta aproximación, desde un comienzo, fue posible crear una línea evolutiva convincente del desarrollo de la ciudad, aunque con ello se corrió el riesgo de proporcionar una definición de la imagen urbana que destacaba y sobredimensionaba la presencia física y la estructura de la ciudad. La gente aparece “representada en estas expresiones, pero se encuentra en un segundo lugar por detrás del paisaje urbano” (17). A pesar de estos riesgos, las fotografías documentales, periodísticas, comerciales e instantáneas de aficionados revelan las diferentes caras de la historia del paisaje urbano (18). Por ello, la fotografía urbana es un valioso artefacto para captar y retener las memorias territoriales que guardan las calles, plazas, edificios y lotes vacíos de la gente que vive en la ciudad. 

NOTAS 

1 Diversas personas -algunas sin siquiera saberlo- han contribuido a dar forma a las ideas específicas que se desarrollan en el presente ensayo. Entre ellas, debemos mencionar las  aportaciones y comentarios de Phil Ethington, Guillem Mundet y David Iglesias. 
2 E. Castell y L. C. Colón, Museo y ciudad: Teatros de la memoria, Bogotá, IDCT, 2003, p. 7. 
3 A. Castellanos, “Fotografiar la ciudad de México”, en N. García Canclini, A. Castellanos, A. Rosas Mantecón, La ciudad de los viajeros, México, Editorial Grijalbo, 1996, p. 43. 
4 D. Lowenthal, El pasado es un país extraño, Madrid, Akal, 1985, p. 372. 
5 “The past is a foreign country, they do things differently there [...] But the photographs tells me to invert this idea; it reminds me that it is my present that is foreign and that the past is home, albeit a home in a lost city in the mists of time”. S. Rushdie, Imagined Homelands, Essays and Criticism 1981-91, citado por R. Samuel en The Theatres of Memory. Past and Present in Contemporary Culture, Nueva York, Verso, 1994, p. 377. 
6 H. Cornwall-Jones, “Historic Photographic Collections: an untapped resource?”, en Information, Vol. 5, No. 3, 2001, p. 1. 
7 R. Samuel, Theatres of Memory..., op. cit., p. 343. 
8 Expresión tomada de E. Edwards, Raw Histories. Photographs, Antropology and Museums, Londres, Berg, 2001. 
9 H. Cornwall-Jones, “Historic Photographic Collections...”, op. cit., pp. 2-3. 
10 G. Mundet y J. Mayans, “El món de la vitinivicultura. Una investigació sobre fotografia i fonts orals”, original mecanografiado, 1999, p. 8. 
11Ibíd., p. 9. 
12 D. Lowenthal, El pasado es un país extraño, op. cit., p. 372. 
13 P. Ethington, “Cronoscopia: La fotografía de la historia”, University of Southern California, original mecanografiado, 2003, p. 10. 
14 Ibíd. 
15 P. Ethington, “LA and the Problem of Urban Knowledge”, en The American Historical Review, p. 6. Accesible en la web en http://cwis.usc.edu/dept/LAS/history/historylab/LAPUHK/ 
16 D. Iglesias, “Ciutat i Patrimoni. Aspectes teòrics i pràctics dels museus urbans”, tesis de maestría de la Universitat de Girona, original mecanografiado, p. 55. 
17 Ibíd., p. 68. 
18 D. Hayden, “Urban Landscape History: The Sense of Place and the Politics of Space”, en P. Groth y T. Todd, Understanding Ordinary Landscapes, New Haven - London, Yale University Press, 1997, p. 120.

divendres, 12 de juliol del 2019

DE LA TIERRA A... ARAUCA

'ONCE MIL METROS POR SEGUNDO LLEGA' A ARAUCA
En el 2012, con el acompañamiento de la Banda Musical del Municipio de Arauca, se inauguraba en la Biblioteca Pública Municipal Raúl Loyo Rojas la exposición "Once Mil Metros por Segundo". La exhibición hizo parte de un programa de promoción de lectura impulsado por la Dirección Nacional de Bibliotecas y el Sistema de Patrimonio y Museos de la Universidad Nacional de Colombia.
"Cuando le di un vistazo al museo encontré algo que casi me hace llorar y fue la revista de Supermán, de la que alcancé a leer cerca de 400 publicaciones cuando era niño. Recuerdo que la historia siempre quedaba en suspenso y había que esperar ocho días para poder comprar la continuación y saber qué pasaba con el superhéroe. Me acordé también de Arandú (el príncipe de la selva), de Calimán y de Tarzán. De todos estos personajes que formaron parte de mi vida y de la de muchos de mi generación, y que hoy en día los niños conocen solo a través de las películas. Me parece que este es un trabajo muy interesante porque va a quedar plasmado a través de la historia” afirmaba Pedro Parales, gestor cultural de Arauca.

Zamir Bermeo, 2013



Una invitación a leer y... imaginar
Basado en el álbum “De la Tierra a la Luna”, esta exposición fue la primera incursión del Sistema de Patrimonio y Museos (SPM) en el mundo del género de la ciencia ficción, una ventana tanto de los sueños como de las distopías. "Once mil metros por segundo " es toda una invitación a imaginar de la mano de la lectura, afirmaba Edmon Castell, docente y director, en el año 2012, del Sistema de Patrimonio y Museos -o Dirección de Museos y Patrimonio Cultural, como se le denominó posteriormente-.

Inaguración de "Once Mil Metros por Segundo". Arauca. 2012

Géneros y subgéneros de la ciencia ficción
A través de la exposición, los visitantes podían recorrer los diferentes subgéneros que constituyen este género literario, además de conocer sus principales representantes. Así mismo se exploraban los principales medios de difusión de la ciencia ficción y las relaciones entre la ciencia y la ficción que se genera a partir de esta.


Por medio de esta muestra, los espectadores podían conocer los subgéneros, algunos de los principales autores, obras imprescindibles y los personajes más emblemáticos de la ciencia ficción, así como la adaptación de obras literarias al cine, la televisión y otros medios. 

En su ciclo expositivo, la exposición "Once mil metros por segundo" estuvo instalada en los municipios de Quibdó, La Paz, Valledupar, AraucaSan AndrésLeticia y Tumaco para, finalmente, terminar su itinerancia y presentarse en el Claustro de San Agustín de Bogotá. 

diumenge, 31 de juliol del 2016

AL VENT DEL MÓN

CAMINOS Y LUGARES DEL ANTIFRANQUISMO EN EL EBRO
Inicialmente, la idea de hacer la exposición "Al vent del món" arrancó el año 2003 desde el Museu del Vent (Museo del Viento) como un pequeño desafío al tiempo que vuela hacia el olvido... 
Armand Castell, en "Al vent del Món". 2006


Una exposición que pretendía constituir un pequeño reconocimiento en vida a la persona de Armand Castell (nacido en l’Aldea en 1923), un viejo militante anónimo del PSUC. Y pretendía hacerlo en forma de exposición a partir de fotografías, dibujos, recuerdos viejos olvidados en unos cajones y el mismo testimonio oral de los protagonistas de los hechos. 

Pero esto ya no será del todo posible: Armand murió a mediados del 2005.

Un itinerario de vida de muchas vidas
Se utilizó como eje del recorrido de la exposición el propio itinerario vital de Armand Castell, desde su adolescencia a la madurez y toma de conciencia social. A través de este itinerario, la exposición nos acerca al proceso de sociabilización y de formación de los más jóvenes refugiados republicanos que tuvieron que rehacer su existencia y su universo en unas condiciones de vida extremadamente duras.


Cronológicamente, "Al vent del món" arranca el 1939 con el exilio de una familia republicana al interior de los bosques de Francia después de vivir la experiencia de los campos franceses, pasa por la participación de los miembros de esta familia en la reconstrucción de la Europa de posguerra y se cierra el 1963, año en que Armand decidió volver a cruzar la frontera española como activo militante antifranquista anónimo.


Memoria democrática i cultura de la gente-que-se-mueve
En primer lugar, "Al vent del món" busca hacer un reconocimiento a la memoria de todas aquellas personas que tuvieron que luchar por la recuperación de las libertades democráticas y nacionales, no solo de nuestro país sino también en Europa. Constituía un primer paso para hacer visible e institucionalizar la memoria democrática que ha vivido en las Tierras del Ebro.
"Al vent del món" representa una reflexión sobre el proceso de desarrollo del sentido de pertenencia de los desplazados, de arraigo o desarraigo a un lugar. 

En este sentido, lo importante del proyecto expositivo que hay detrás de "Al vent del món" es que nos intente acercar a uno de los principales desafíos del mundo contemporáneo: el del mundo de los desplazados. Esto es, de todas aquellas personas que se han visto empujadas o forzadas a desplazar su residencia y su mundo y, en consecuencia, han desarrollado una “identidad en contrapunto”
"Al vent del món" fue una exposición que, años después de montarse y desinstalarse en el Museu del Vent, puede seguir siendo pensada como una aproximación a la memoria democrática y a la cultura de la “gente-que-se-mueve”, gente para quien los lugares siempre están en construcción.

Pepe Ramos, en "Al vent del món". 2006


El concepto museográfico y escenografía de la exposición 'Al vent del món' en el Museu del Vent estuvo a cargo de Edmon Castell, geógrafo y museólogo, docente de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Colombia.



Año de realización del montaje: 2006