
LORD BYRON (1816), Darkness
En julio del 2026 se cumplen doscientos diez años de Darkness, el inquietante poema de Lord Byron (1788-1824) que sitúa al lector en un territorio ambiguo en el que llega la mañana -y se va- sin traer al día... En Darkness no sabemos si asistimos a una pesadilla, a una visión profética o a una descripción del mundo.
Inspirada en el célebre poema, la tira gráfica trata de producir exactamente ese mismo efecto. Esa masa oscura que se desplaza hacía la derecha nunca termina de adquirir un estatuto ontológico claro: "¿Es una nube? ¿Una presencia? ¿Una metáfora? ¿Una proyección psíquica?..." La tira nunca lo resuelve. Como en Darkness, la incertidumbre forma parte de su potencia.
"Sin embargo, encuentro una diferencia decisiva. En Byron, la oscuridad es, sobre todo, cosmológica. El sol se extingue, la Tierra se congela, los seres humanos se destruyen entre sí y el universo entero termina reducido a un silencio mineral. Es una visión apocalíptica en el sentido más literal: el fin del orden del mundo. La oscuridad es un acontecimiento exterior que acaba devorándolo todo.
Ya estaba dentro...
La tira gráfica, en cambio, desplaza esa catástrofe hacia el interior. Los cuadros de narrador cambian completamente la dirección de la lectura. Cuando aparece la frase "PERO ESE PAISAJE YA ESTABA DENTRO DE MÍ", el horizonte deja de ser geográfico para convertirse en psicológico, ético e incluso político. La oscuridad ya no viene del cosmos; emerge de la subjetividad.
Hay otro punto de contacto muy interesante con el poema de Byron. En Darkness la naturaleza deja de ser un refugio. Todo aquello que normalmente sostiene la vida —el sol, los bosques, los animales, el agua— se convierte en escenario de la desaparición. El paisaje deja de ofrecer orientación y asidero. En la tira gráfica sucede algo semejante: el horizonte, que en la tradición pictórica occidental suele simbolizar apertura, futuro o promesa, se transforma progresivamente en un límite colonizado por la oscuridad. El paisaje deja de ser un espacio para habitar y se convierte en una experiencia de pérdida.
Byron describía el colapso mediante el exceso verbal. El poema está lleno de imágenes encadenadas, enumeraciones, transformaciones y escenas de destrucción. Todo ocurre a través del lenguaje. En cambio, la tira gráfica hace exactamente lo contrario. Reduce el acontecimiento a tres imágenes casi idénticas y tres frases extremadamente breves. Donde Byron acumulaba palabras, la secuencia gráfica acumula silencio. Paradójicamente, ambos producen una sensación semejante de asfixia, aunque por caminos completamente distintos.
Desbordes
"Existe también un parentesco inquietante con una idea que suele pasar desapercibida en Darkness: el verdadero horror no es la noche, sino la pérdida de toda referencia. En el poema desaparecen las diferencias entre día y noche, entre civilización y barbarie, entre humanidad y animalidad. Todo termina siendo indistinguible. En la secuencia gráfica sucede algo parecido cuando la masa oscura empieza a desbordar la viñeta. "Ese desbordamiento no solo rompe un marco gráfico; rompe una frontera conceptual. Esa confusión de límites es, precisamente, una de las experiencias centrales del poema de Byron".
Hay, además, un aspecto formal que me parece muy fértil. Byron escribió Darkness en 1816, el llamado "año sin verano", provocado por la erupción del volcán Tambora. Aquella experiencia histórica hizo que una anomalía climática adquiriera inmediatamente un significado existencial. Visto desde hoy, resulta inevitable leer ese poema también desde la crisis ecológica contemporánea. La tira gráfica, aunque no insinúa el clima, puede ser leída en esa misma dirección: esa masa que avanza podría ser humo, contaminación, incendio, petróleo, una nube tóxica o cualquier otra materialización del colapso ambiental.... Pero el texto introduce un giro decisivo: el desastre ecológico ya no es solo un fenómeno atmosférico; también es una forma de habitar el mundo".
Y aquí aparece una última idea quizás sugerente. La tira no convoca únicamente a Byron. A través de ella podemos ver a Sebald, en Cormac McCarthy, en Didi-Huberman. Todos ellos comparten una misma intuición: las grandes catástrofes no solo destruyen paisajes; transforman nuestra capacidad de percibirlos. La última viñeta parece decir exactamente eso. No afirma que la oscuridad haya llegado. Afirma algo mucho más inquietante: que el paisaje capaz de producir esa oscuridad ya habitaba en nosotros.
Las tres viñetas no son una ilustración de Darkness, sino una especie de relectura contemporánea. Byron imaginó el fin del mundo como un acontecimiento cósmico. "La secuencia gráfica sugiere que el verdadero apocalipsis ocurre cuando descubrimos que aquello que atribuíamos al horizonte exterior llevaba mucho tiempo configurando nuestra propia mirada. En ese desplazamiento —del cosmos a la subjetividad, del acontecimiento a la percepción— reside, a mi juicio, la originalidad y la fuerza filosófica de la tira".