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diumenge, 1 de març del 2026

LÍNEAS Y NUDOS




¿Pero cómo y cuando en la cultura occidental nace la idea de lo derecho, es decir, que lo que es rectilíneo también es bueno, mejor que lo que no lo es?

Franco Farinelli, 2003


La mayoría (93) de las líneas son rectas.

Casi todas esas líneas rectas fueron hechas con trazo fino -y en color negro-, aunque no faltan las que se hicieron con trazo grueso. Son líneas que, en general, mantienen una dirección constante, sin curvas ni variaciones, como una especie de carretera [recta]. 


Pero no todas son así...


Un universo de líneas

Por ejemplo, una línea recta, con ánimo un poco rebelde, fue dibujada en color rojo. Hay incluso líneas rectas "orgánicas" de las que afloran pequeños detalles, incluso vida vegetal... Otras líneas, aunque siguen siendo rectas, denotan que les gustaría dejar de serlo... Son líneas que dudan o que, incluso posiblemente en el fondo, desconfían de esa rectitud que supuestamente nos ofrece razón, certeza, autoridad y sentido de dirección.


Antes de las torcidas, hay líneas un poco más decididas, que se doblan hacía arriba o hacia abajo, como una catenaria, y dibujan un esbozo de sonrisa.... :) Otras, decididamente más atrevidas, se pandean como si fueran el cable de vida que soporta el cuerpo de un funambulista en el aire. Parecidas a las líneas curvas pandeadas, vi un tipo de línea ondulada y sinuosa -como si se tratara de un río- que muestra o esboza una especie de gesto que se mueve y da forma constantemente, sin un punto de anclaje rígido, como vemos en su vaivén a las algas amarradas en las rocas del mar. Otras líneas dan cuenta de un movimiento más atrevido, que se insinúa una espiral o que es, de forma explícita, una espiral que hunde uno o los puntos en el infinito.


Hay líneas ondulantes, algunas me hicieron pensar en las ondas de un sismograma y otras que, no sé muy bien por qué, me hicieron recordar el mar. En un trazo similar, aparecen líneas sacadas de un electrocardiograma que, tal como fueron dibujadas, reflejan un pulso regular. ----|-----|-----|-----|---- Aunque tampoco faltan las líneas de electrocardiograma que dan cuenta de frecuencias arrítmicas que, en vez de ondas más o menos suaves, presentan picos afilados, cambios bruscos. Hay líneas que parecen una sutura quirúrgica. Y otras líneas, muy inspiradas, esbozan con su movimiento, una forma de nariz, silueta de un rostro -como el de la criatura sin nombre de Frankenstein- o, incluso, un par de ojos. Son bellas líneas de una faz -como la de la criatura sin nombre- discontinua, multidireccional, complementada, libre, pero no calculada, sino improvisada.


Líneas como vueltas, contratiempos y fricciones

Hay líneas que dan muchas vueltas, que pareciera que no sabe muy bien hacía dónde van.. Líneas que aparentemente no son líneas sino caos, porque parece que van a tomar un camino, pero luego ese trazo se tuerce. Líneas que se paran, se enderezan y vuelven a cambiar de rumbo, casi mareando... pero al final consiguen conectarse. Son un tipo de línea que describe una especie de viaje, aparentemente errático, pero persistente de la vida misma, donde el rumbo cambia constantemente, pero el destino final se alcanza tras un largo recorrido. Otras, en cambio, pareciera que quisieran evitar llegar a su conexión (destino). Es lo que nos sucede a todos muchas veces. Mientras más se crece o se  cree avanzar, más contratiempos y fricciones se encuentran para alcanzar un propósito. Esas líneas son como la vida misma. Como las líneas orgánicas que, como ramitas, emergen flores. Es decir, vida.



Significativamente, son muy pocas las líneas que no logran conectar los dos puntos. Solo recuerdo una línea recta que, si la leemos de izquierda a derecha, pareciera que desistiera al final y quisiera dejar abierta la posibilidad, para más adelante, de conectarse con el otro punto. Aparte de estas pocas excepciones, la mayoría de líneas, de derecha a izquierda, o de izquierda a derecha, va y viene de un punto al otro. Es notorio que la mayoría se dibujaron de forma continua, sin levantar la mano. Aunque también es verdad que vi líneas "inclasificables" -que me demoraría más tiempo para interpretar- como esa línea casi "imposible" que conecta -de forma no explícita- los dos puntos por el reverso de la hoja. Muy pocas líneas rebosan y sobresalen del cuadro gris del fondo. 


Líneas, líneas, líneas...

Son líneas que tienen en común, como no podía ser de otra forma, que fueron hechas con sus manos -izquierda o derecha y, quizás hasta con ambas manos-. Pero todas ellas, rectas, torcidas, onduladas, en espiral y  por supuesto también las raras... son como un pulso que conforma una especie de tejido afectivo vivo. Un tejido vibrante que transmite que existe una poderosa fuerza organizadora que reúne y entreteje diferentes partes -como sucede en Frankenstein- de una esencia compartida. Son líneas que sugieren que “la conexión entre los dos puntos no es solo un camino o un proceso, sino que está intrínsecamente impulsada o definida por un valor central emocional o afectivo".


Esta idea de amor, cuidado o compromiso se evidencia en prácticamente todas las líneas. Excepto una, casi todas son líneas continuas, caligráficas. Como esas líneas de enamorados, que dibujaron Juan David y María, que muestran que las hojas del test de ayer, aunque se entregaron sueltas, están unidas. 


De manera que todas las anteriores son un tipo de línea que sugiere que “la conexión entre los dos puntos no es solo un camino o un proceso, sino que está intrínsecamente impulsada o definida por un valor central emocional o afectivo”. De algunas de esas líneas emergen otras pequeñas formas -como dientes, por ejemplo-. Lo cual induce a pensar que las "formas creadas" son "formas creadoras"... Sin duda una inspiradora intuición visual que trata de sugerir que una unión está basada en la emoción, la afinidad profunda o el núcleo vital compartido, mientras que los puntos podrían interpretarse como focos específicos en el centro de cada entidad. Una especie de “el "yo" o el punto de anclaje de cada una de las dos partes”.  Se tocan en algún punto crucial, pero que, al mismo tiempo, mantienen su autonomía o identidad separada en sus extremos.


Líneas como expresión de vínculos y aprendizajes

Sin duda, todas las líneas que dibujaron ayer son una metáfora hermosa para ilustrar el proceso de aprendizaje -y la misma generación de conocimiento-. Es posible ver todas esas líneas como el vínculo afectivo y conceptual que une los puntos de partida y llegada en el camino formativo. Una noción que, más allá de la Universidad, resuena con fuerza para procurar pensar la vida y forjar las relaciones entre personas cuando mapeamos territorios y narrativas colectivas.


De modo que todas esas líneas juntas -incluyendo por supuesto las inquietantes, las superpuestas y las que no supe interpretar- son, en este sentido y como traté de transmitirles ayer, una manifestación de la estesia. Es decir, de esa percepción de la continuidad sensible de la propia línea, la de unx mismx, en la línea del otrx. Como si todas esas líneas individuales estuvieran conectadas o, por lo menos por un instante, se reunieran en una especie de nudo entretejido. Porque, como posiblemente hubiera anotado la misma Mary Shelley, el presente y el futuro no se construyen, sino que se tejen y entretejen con nudos y líneas. Las líneas de todxs.

dilluns, 17 de novembre del 2025

TESTIMONIOS CONTRA LA BESTIA

El último trabajo del historiador y activista E.P. Thompson, de publicación póstuma, Witness Against the Beast gira alrededor del legado radical del poeta, pintor y grabador William Blake (Londres, 1757-1827). En este ensayo, Thompson, en una reivindicación de lo que podría considerarse su propia lealtad hacia una tradición antinómica recorre el “vociferante impulso” de las sectas religiosas disidentes en  una continuidad que, como argumentaba el mismo Thompson y han reconocido otros historiadores, “alcanza a [William] Blake en un dualismo de oposición que marcaba una cultura y una política del trabajo, la moralidad, la legalidad y la servidumbre establecidas y desafiadas por la fe, el perdón y la libertad” (Jiménez, 2008).

Sin duda, Witness Against the Beast: William Blake and the Moral Law, es una interpretación de una obra estética que, como nos sugiere Thompson, puede leerse como un universo cultural antihegemónico. Un universo simbólico que, en el interregno del siglo XVIII al XIX, constituye una demoledora crítica social de la sociedad y, al mismo tiempo, una argamasa que brinda, para la gente perdida para la historia -como los luditas, entre otros- un sentido común alternativo a ese mundo que trajo “la bestia” hace más de doscientos años, el monstruo del capital en la forma de la emergente sociedad industrial que todavía perdura.

De esta forma, la obra que desarrolló E. P. Thompson antes de morir en 1993 en torno al poeta, pintor y grabador William Blake puede ayudarnos a comprender las mitopoiesis de las clases subalternas que articulan aspiraciones profundas y ayudan a combatir los miedos de las comunidades y, de manera en especial, los de las clases subalternas que vivieron en el “interregno” entre la Ilustración y el Romanticismo.


MITOPOIESIS EN UN “INSTANTE DE PELIGRO”

En este sentido, la obra de William Blake, como también la una escritora de una generación romántica posterior como Mary Shelley (Londres, 1797-1851), pueden verse y leerse como fragmentos de legado radical del romanticismo que, desde distintos lenguajes estéticos, el grabado y la literatura, Blake y Shelley dieron a luz una vibrante crítica radical contra la desigualdad y, de forma específica contra las nuevas formas de organización del trabajo fabril que se desarrolló a partir de la industrialización a finales del siglo XVIII. 

De alguna forma, la obra de Shelley y Blake dan cuenta un potente legado, conectado y disidente con el status quo del pasado y presente, que todavía hoy da testimonio del mundo surgido del capitalismo. Son mitopoiesis que muestran la capacidad de crear mundos en instantes de peligro para las clases subalternas.

Como les consta a los filósofos (Fernández-Savater), el conocimiento racional nos ayuda a conocer la realidad, pero no nos impulsa a cambiar el mundo porque cualquier proceso de transformación social requiere la implicación de la dimensión emocional e incluso afectiva. Por ello es necesario la producción de mitos que ofrezcan un lenguaje para articular las aspiraciones colectivas más profundas y nos ayuden a comprender y combatir los miedos de cada comunidad. Desde este punto de vista, ampliar el campo de la “imaginación” no se opone a ampliar el campo de la “razón”, sino que ambas, razón e imaginación se hallan “en función de producir un cambio en el sistema social y cultural” (Yuchak, 2012).


ARTE, RELIGIÓN Y CIENCIA

Pero ni Shelley ni Blake soñaron su vasto universo simbólico solos y desde la nada. Como nos enseñó Thompson, William Blake escribía, pintaba y hacía grabados dentro de una tradición conocida, usando términos y figuras que siete u ocho generaciones de sectas religiosas -como las antinomianas- habían hecho familiares en su Londres natal. Lo mismo sucede con la obra de Mary Shelley. Recientemente, jóvenes historiadoras como Samantha Wesner han mostrado algunas de las conexiones que existen entre la criatura de Frankenstein y la tradición de los “colosos revolucionarios” (Wesner, 2020).

Poeta, grabador, pintor, activista…  William Blake puede considerarse como un artista total. Un visionario, y un enemigo de la Ilustración, que trataba de traducir en diversos lenguajes estéticos sus visiones. Precisamente, una de las dificultades y conflictos para interpretar a Blake es su multiplicidad de formas y universos estéticos y poéticos de inspiración bíblica y poética. William Blake supo crear imágenes muy poderosas, como la de “Newton”, para representar una alegoría del científico esclavo de la razón. Para Blake, La verdadera sabiduría procede de la imaginación y de las visiones y no de la razón, por lo que los científicos ilustrados mataban la vida con su empirismo y reduccionismo.

A lo largo de su vida, Blake conformó una rica y apasionada cosmología propia: Mitos, monstruos y dioses, entre los que destaca “la Trinidad diabólica” como principal fuente del mal. La elección de la triada de Francis Bacon (1561-1626), Isaac Newton (1642-1727) y John Locke (1632-1704) como personificación del empirismo, mecanicismo y mercantilismo posiblemente fue debida a que estas personas ocuparon cargos públicos y favorecieron la política de la oligarquía terrateniente. Los tres simbolizan la jerarquización natural de la sociedad, el mantenimiento de las leyes inmutables del universo y la conversión de los hombres en mercancías. De forma específica, Newton refleja la condición humana que es esclava de la razón y encarna, para Blake, el “poder maligno” del espíritu de la medida. 

Es conocido que William Blake procedía de una familia artesana y, por parte de su madre, antinomiana. Los principios del antinomismo ofrecía un desafío radical a la  ideología legitimadora de la ley natural de la sociedad del siglo XVIII. Thompson precisamente ha mostrado como las sectas religiosas disidentes constituían una defensa de sus miembros, conformados principalmente por artesanos, y una crítica a la religión oficial que legitimaba el status quo social.

A lo largo de su vida, William Blake fue un defensor radical de la emancipación política, un crítico implacable contra la desigualdad y las distintas formas de esclavitud que incluían las derivadas de las nuevas formas de organización del trabajo fabril. 


LOS LUDITAS, UNA IMAGEN DIALÉCTICA

Los luditas querían preservar algo de su pasado colectivo y al mismo tiempo, democratizar los nuevos procesos laborales que la industrialización había puesto en marcha desde finales del siglo XVIII. Las revueltas mecanoclastas de Ludd, Swing y Rebecca tuvieron un impacto en la opinión burguesa del siglo XIX. Fueron considerados como una amenaza al orden social y, por ello mismo, promulgaron leyes que castigaban el sabotaje a las máquinas como un delito que se pagaba con la vida.

En este contexto la novela de Frankenstein (1818) puede leerse como una metáfora política del ludismo. En los últimos años, diversas interpretaciones (Rendueles, 2015) inciden en que la novela de Mary Shelley constituye una mirada crítica desde la ficción sobre las condiciones sociales que estaban generando las transformaciones del capitalismo emergente. De esta forma, aunque la mayor parte de los luditas fueron desterrados o colgados en la horca y el movimiento finalmente sofocado, a un nivel simbólico podemos inferir que el movimiento ludita no fue una causa perdida para la historia. Los hombres y mujeres que participaron en esas revueltas luditas despertaron y agitaron en su momento la conciencia de muchas personas entre las clases subalternas y, posiblemente por ello mismo, más de doscientos años después, su “supervivencia” proporciona una potente imagen del cambio. Sus luchas pasadas pueden seguir siendo escuchadas y leídas como puntos luminosos para pensarse como fuente de inspiración para las luchas presentes (Lowy, 2002: 22). 

Es por ello que, frente “la prepotencia de la historia”, la obra plástica y literaria de William Blake y Mary Shelley, configuran una especie de constelación conformada por imágenes dialécticas que, desafiando el tiempo, dan cuenta de un conjunto cristalizado de tensiones que todavía contienen una totalidad histórica

Es posible que gracias a estas imágenes dialécticas en las que confluyen Ludd, Swing, Rebecca y la criatura de Frankenstein podamos seguir encarando a “esa bestia” que vino del mundo del capitalismo hace más de doscientos años -y que hoy se sigue manifiestando en distintas y nuevas formas de exterminismo-, para que “los hombres y mujeres del futuro nos consideren y vuelvan la vista hacia nosotros, afirmando y renovando el sentido de nuestra lucha” (Thompson, 1978: 234).